Adiós 2020

Aunque de manera muy distinta a la habitual, nos estamos preparando para  pasar estos días como el maldito virus y las distintas autoridades nos permitan. Es un alivio despedir el año 2020 y recibir el 2021 con la esperanza de la llegada de la vacuna que nos permita volver a la normalidad anterior.

De 2020 sólo decir que, en lugar de decir adiós, dan ganas de mandarlo a freír espárragos o algo peor al estilo del gran Fernando Fernán Gómez.

Aun así nos ha dejado su cosecha y habrá trabajarla desde el punto de vista técnico y desde el comercial.

Pero de la misma manera que la campaña de vacunación durará meses, la normalización del mercado llevará su tiempo. El almacenamiento de vino se libera en Enero, los vinos que han esperado, de manera retribuida, en barrica para su embotellado o en depósitos para su venta a granel, se ponen en un mercado ya de por sí débil, saturado y volátil por culpa de la pandemia.

En el plano técnico, con todas las excepciones de rigor, los vinos no emocionan, tampoco están mal y que la irregularidad de la calidad es alta. Habrá que decidir, separar, tratar y preservar la calidad con todos los medios posibles y ajustando los recursos a la realidad comercial.

Aunque en este terreno la cosa pinta fea de momento, en el mercado interior las terrazas no van a librar a la hostelería en invierno, las restricciones navideñas van a reducir el consumo en estas fechas clave. En el exterior el Brexit duro se complica con la segunda o tercera ola, los aranceles de Trump van a pasar a ser los aranceles de Biden y tardarán meses para retirarse –si se retiran, que no está tan claro-, Europa lamiéndose las heridas y con los chinos nunca se sabe, unas declaraciones críticas del Gobierno Australiano han dinamitado una magnífica relación comercial.

Pero habrá que ser positivo y abrir la mente eliminando prejuicios. El único dato bueno en exportación viene del aumento de más del 35% en el volumen vendido en bag in box, eso sí, con una bajada del 12.3% en precio. Son 47 millones de euros en un total de 1.857 de ventas totales, un nicho de mercado pero que ahí está según los datos de Enero a Septiembre de la Interprofesional del Vino de España.

Quizás haya que ir abandonando prejuicios y abrirse a oportunidades, no se entiende que el prestigio de una zona dependa del envase y no de la calidad del producto. Si estamos acostumbrados a la botella de vidrio como envase es porque no había otro; por supuesto que hay vinos, muchos, a los que su estancia en botella redondea y mejora, que necesitan un tapón de corcho natural de calidad para mejorar con el tiempo. Pero hay muchos más vinos que no, en los que la botella y un corcho –mediocre- son packaging puro y duro.

Los “nuevos” envases, BiB y lata principalmente, presentan una serie de ventajas en costes, conservación, medioambiente, huella de carbono, facilidad de compra y de consumo…Sin dañar la calidad del vino que llevan dentro, la morralla está igual de mala en botella que en lata, el problema es meter morralla en cualquier tipo de envase.

Montañas de vidrio

Muchos consejos reguladores deberían replantearse sus pliegos de condiciones y estar más pendientes del contenido que del continente. No se entiende que vinos jóvenes, crianzas cortas, productos que se consumen en 24 horas después de su compra, tengan obligatoriamente que ir metidos en 300 gramos de vidrio cuando se ven en los lineales precios irrisorios y calidades infumables ¿Por qué no dar la vuelta a la tortilla y exigir más calidad en el vino y dar libertad al tipo de envase?

Se sabe que el botellín de 187.5 mililitros el vino corre que se las pela y sigue autorizado por inercia, porque se vende bien en trenes y aviones o en un pack de seis en los supermercados. Sin embargo otros materiales que dan el mismo servicio, mejoran las oportunidades de consumo y conservan mucho mejor el producto están prohibidos. No se entiende.

Después de publicar esto en La Gaceta del Vino han llegado, las vacunas (despacio), Filomena, la mutación…Uno ya no sabe qué pensar.

Acerca de Javier Escobar de la Torre

De origen toledano, Madridejos 1960, me nacieron al lado de la modesta bodega de mi abuelo Isidoro, tras una noche de "monda" de rosa del azafrán. Estudié Químicas en la Complutense especializándome en Química Industrial. Tenía claro que la ciencia sin un fin práctico no me interesaba. Entré cómo "colaborador voluntario" en "El Encín". Era la época de transferencia del INIA a la Comunidad de Madrid y estaban montando, dirigido por Mariano Cabellos, un laboratorio de vinos. Me becaron el Curso Internacional de Viticultura y Enología que dirigía D. Luis Hidalgo y para saber más está LinkedIn http://es.linkedin.com/in/javierescobardelatorre. Desde siempre he estado ligado personal y profesionalmente al sector vitivinícola y ahora, en tiempos duros, estoy intentando ayudar a empresas del sector a ponerse al día.
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