Muchas preguntas, y alguna respuesta, sobre el consumo de vino

¿Dónde está el consumidor?La respuesta es fácil en estos tiempos: en casa ¡dónde si no! Siguiente pregunta ¿qué hace en casa? Respuesta: pues lo que le dejan, entre otras cosas tomarse algún vino. Seguimos con el juego ¿qué vino toma? el que encuentra más a mano entre los que le gustan. Podríamos seguir jugando y preguntarnos en qué momento lo hace, problemas que complican el consumo casero, cómo facilitárselo, ver la composición de los hogares…Porque todos estos factores están influyendo en la cantidad, la calidad, el precio y el tipo de vino que se vende ahora mismo.

Después habrá que preguntarse ¿cómo me meto en su casa? ¿cómo se entera de que yo estoy aquí?  Esto es más difícil de responder, imagino que tanto los departamentos de marketing de las grandes compañías como los pequeños productores locales, estarán dándole vueltas al tema. En el gráfico de la American Associaton of Wine Economists (AAWE) se puede ver el desplome del consumo de vino durante el último siglo en países productores.

Sin tecnología, ni marketing, ni logística, en 1924 se consumía cuatro o cinco veces más vino que en 2018. Conclusión, el vino estaba mucho más a mano, en definitiva más cerca del consumidor final, era asequible y sencillo. Sin sofisticaciones ni complicaciones. Era un producto popular. Mucho han cambiado la sociedad y la industria del vino pero una mirada hacia atrás no estaría de más, siempre pensando hacia adelante.

Otra pregunta ¿queremos que el vino sea una bebida popular? Si la respuesta es NO vamos por buen camino, si la respuesta es SÍ estamos equivocándonos. Si muchas veces se ha criticado, y con razón, que el consumo de vino se estaba sofisticando en exceso y que “espantaba” al consumidor cada vez lo estamos enredando más. Ya se escribió aquí sobre los Clean Wines , recientemente la OIV organizó un seminario sobre “Los Vinos Naturales: más allá de la filosofía”; si seguimos por esta vía nos va a faltar espacio en las etiquetas para “sellos”: zona de producción, cosecha, variedades, grado de envejecimiento, ecológico, biodinámico, winery for climate protection, huella de carbono…Total que mejor coger un pack de cervezas y dejarse de historias que bastante tiene cada uno con lo suyo.

Y luego viene la comunicación, vinos que reflejan un paisaje, tradición y modernidad, mínima intervención tecnológica, o lo contrario, maravillosas y modernas instalaciones, barricas, tinajas…Grandes empresas que venden cientos de miles de cajas y se publicitan con un tío empujando una barrica, los influencers… Y después las contradicciones: vinos ecológicos en botellas de vidrio pesadas –porque la imagen es la imagen y la ecología que se quede en la viña-, vinos naturales imbebibles (gran artículo de José Peñín) pero que reflejan las suaves colinas de mi pueblo. Lo dicho, mejor una cerveza.

Mientras el consumidor sigue en casa, tele trabajando si tiene suerte o en el ERTE, sin apenas poder salir a tomar algo fuera, haciendo la compra en el ·”súper” o alguna vinoteca próxima, y deseando poder relajarse tomando un vino majo o celebrar su cumpleaños con su “unidad de convivencia” en el salón de casa bebiendo algo más “especial”. Y el sector sigue con sus galgos y podencos perdiendo oportunidades de negocio, anatemizando a determinadas empresas porque vende mucho “vino sin alma” o renegando de envases cómodos, prácticos (revista Forbes, unos Don Nadie) y sostenibles.

Pero nosotros ponemos pasión, mucha pasión. Aunque como escribe Robert Joseph “Cuando necesito que alguien desbloquee mis desagües, elijo al fontanero competente sobre el aprendiz apasionado”.

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Adiós 2020

Aunque de manera muy distinta a la habitual, nos estamos preparando para  pasar estos días como el maldito virus y las distintas autoridades nos permitan. Es un alivio despedir el año 2020 y recibir el 2021 con la esperanza de la llegada de la vacuna que nos permita volver a la normalidad anterior.

De 2020 sólo decir que, en lugar de decir adiós, dan ganas de mandarlo a freír espárragos o algo peor al estilo del gran Fernando Fernán Gómez.

Aun así nos ha dejado su cosecha y habrá trabajarla desde el punto de vista técnico y desde el comercial.

Pero de la misma manera que la campaña de vacunación durará meses, la normalización del mercado llevará su tiempo. El almacenamiento de vino se libera en Enero, los vinos que han esperado, de manera retribuida, en barrica para su embotellado o en depósitos para su venta a granel, se ponen en un mercado ya de por sí débil, saturado y volátil por culpa de la pandemia.

En el plano técnico, con todas las excepciones de rigor, los vinos no emocionan, tampoco están mal y que la irregularidad de la calidad es alta. Habrá que decidir, separar, tratar y preservar la calidad con todos los medios posibles y ajustando los recursos a la realidad comercial.

Aunque en este terreno la cosa pinta fea de momento, en el mercado interior las terrazas no van a librar a la hostelería en invierno, las restricciones navideñas van a reducir el consumo en estas fechas clave. En el exterior el Brexit duro se complica con la segunda o tercera ola, los aranceles de Trump van a pasar a ser los aranceles de Biden y tardarán meses para retirarse –si se retiran, que no está tan claro-, Europa lamiéndose las heridas y con los chinos nunca se sabe, unas declaraciones críticas del Gobierno Australiano han dinamitado una magnífica relación comercial.

Pero habrá que ser positivo y abrir la mente eliminando prejuicios. El único dato bueno en exportación viene del aumento de más del 35% en el volumen vendido en bag in box, eso sí, con una bajada del 12.3% en precio. Son 47 millones de euros en un total de 1.857 de ventas totales, un nicho de mercado pero que ahí está según los datos de Enero a Septiembre de la Interprofesional del Vino de España.

Quizás haya que ir abandonando prejuicios y abrirse a oportunidades, no se entiende que el prestigio de una zona dependa del envase y no de la calidad del producto. Si estamos acostumbrados a la botella de vidrio como envase es porque no había otro; por supuesto que hay vinos, muchos, a los que su estancia en botella redondea y mejora, que necesitan un tapón de corcho natural de calidad para mejorar con el tiempo. Pero hay muchos más vinos que no, en los que la botella y un corcho –mediocre- son packaging puro y duro.

Los “nuevos” envases, BiB y lata principalmente, presentan una serie de ventajas en costes, conservación, medioambiente, huella de carbono, facilidad de compra y de consumo…Sin dañar la calidad del vino que llevan dentro, la morralla está igual de mala en botella que en lata, el problema es meter morralla en cualquier tipo de envase.

Montañas de vidrio

Muchos consejos reguladores deberían replantearse sus pliegos de condiciones y estar más pendientes del contenido que del continente. No se entiende que vinos jóvenes, crianzas cortas, productos que se consumen en 24 horas después de su compra, tengan obligatoriamente que ir metidos en 300 gramos de vidrio cuando se ven en los lineales precios irrisorios y calidades infumables ¿Por qué no dar la vuelta a la tortilla y exigir más calidad en el vino y dar libertad al tipo de envase?

Se sabe que el botellín de 187.5 mililitros el vino corre que se las pela y sigue autorizado por inercia, porque se vende bien en trenes y aviones o en un pack de seis en los supermercados. Sin embargo otros materiales que dan el mismo servicio, mejoran las oportunidades de consumo y conservan mucho mejor el producto están prohibidos. No se entiende.

Después de publicar esto en La Gaceta del Vino han llegado, las vacunas (despacio), Filomena, la mutación…Uno ya no sabe qué pensar.

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Cuando el viento sopla

Pocas veces una película de animación emociona como Cuando el viento sopla (When the wind blows, 1986), de Jimmy T. Murakami, con la música de Roger Waters (cofundador de Pink Floyd); una impresionante y demoledora película.

Así, tapaditos esperando al Gobierno

Esta película que se puede ver, aunque con poca calidad, en Vimeo  puede representar el futuro del sector del vino post COVID. Aunque el paisaje físico que quedará será más parecido al que dejaría una bomba de neutrones –edificios intactos, vida aniquilada- que al de bomba una atómica convencional –destrucción total-. La actitud de Jim y Hilda, matrimonio jubilado, siguiendo a pie juntillas las recomendaciones del Gobierno esperando hasta el final una ayuda que no les protegerá del destino que les espera.

Con ver el tramo desde 1:12:00 a 1:15:00 se entenderá, esperar al Gobierno, papeles a mano y rezar como única solución. Tales parecen las actitudes del mundo del vino ante el Apocalipsis en el que está metido.

Y siguen esperando al Gobierno

Y todo esto viene a cuento de un artículo EFE Agro sobre el vino en lata, de entrada llama la atención que en el titular aparece la palabra “dividir” a propósito del vino en lata, a continuación la metáfora sobre en boxeo (en una esquina los puristas, en la otra los “reformistas”) y pregunto ¿es bueno presentar así un debate? ¿es que la palabra dividir y enfrentar es lo que más “une” a los españoles? Creo que es un buen motivo de reflexión ¿se antoja tan complicado respetar que cada cual intente como pueda salir de esta situación y busque alternativas para sobrevivir? Porque de eso va la cosa.

El artículo, que es bueno leerlo, sigue con argumentos de los dos “boxeadores” aunque en cuestiones de sostenibilidad patina. No es más sostenible reciclar una botella de vidrio que tres latas de aluminio. Argumentos hay para todos, pero la única voz con experiencia que se refleja es la de Paloma Jiménez Sierra, de Bodegas y Viñedos Artadi, que a través de su bodega en Navarra lanzó Ah So Wines para el mercado norteamericano con gran éxito. El resto o hablan de oídas o se limitan a defender sus prejuicios.

Bien distinto es el trato que se le da al tema por otros lares. La consultora  IWSR publica un artículo bien fundamentado; consultando a expertos y grandes firmas, como Accolade, pone al día de cómo evoluciona el mercado del vino en lata, sus oportunidades, sus posibilidades de incluirse en el sector premium y evitar caer en los segmentos bajos de mercado. Lo más impactante es que pone el mercado español como ejemplo de mercado ultraconservador, textual:

Si algunos segmentos de precio permanecen fuera del alcance del vino en lata por ahora, lo mismo se puede decir de ciertos mercados, repitiéndose el desarrollo de los vinos con tapón de rosca a principios de la década de 2000. “En mercados como España, los vinos con tapón de rosca aún no son aceptados por el público ni por el comercio, mientras que mercados como Estados Unidos pasaron por ese proceso hace mucho tiempo”, señala Mettyear. “España es un ejemplo perfecto de donde los vinos con tapón de rosca todavía tienen ese estigma”.

Parece que en España todos bebemos (o producimos) Vega Sicilia o Pingus, lamentable. A ver si lo interiorizamos:

  • Somos el tercer productor de vino del mundo. No todo se puede vender a 100€ la botella.
  • Lamentablemente, salvo unas pocas marcas, estamos fuera del sector  lujo. Así que tampoco podemos vender a 100€.
  • Tenemos una gran relación calidad/precio.
  • Para defender/valorizar nuestro producto no hay que noquear al de la bodega del vecino. Cada uno debe competir en su mercado.
  • Está bien que las administraciones ayuden pero no son la solución o el invierno post COVID nos llevará por delante.

Hace un año me tocó organizar en Ámsterdam un monográfico sobre el vino en lata, aquí di cumplida cuenta de él. Lamentablemente no pude llevar a ningún ponente español, no quisieron o no pudieron. Sin embargo el aforo de la sala quedó pequeño, en la trastienda muchos españoles me pidieron catar los vinos. En público nos ponemos estupendos y en privado nos bajamos al suelo.

Cuando el viento deje de soplar veremos qué ha quedado en pie.

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Cosecha 2020, lo difícil viene después

Calle Estafeta (Pamplona) en sábado por la tarde

Con evidente retraso pongo aquí mi penúltima colaboración en la Gaceta del Vino. Disculpas por el mismo y por el tono, pero es lo que hay.

La cosecha 2020 ya está en bodegas y cooperativas. Objetivo conseguido tras un año muy difícil, climatológica y anímicamente. Se ha obtenido una cosecha, en términos generales, normal en cantidad (aunque con desequilibrios entre zonas) y con una calidad más que razonable aunque sea pronto para evaluarla de manera global.

La verdad es que me gustaría escribir sobre calidad o enología, pero la crisis vinícola la tenemos delante y el panorama no es precisamente optimista. Si hace un año Brexit y aranceles eran las amenazas más acuciantes, ahora el fantasma de la Covid-19 ensombrece el sector hasta niveles desconocidos. Lo que en marzo fue una sorpresa, ahora no debería serlo en la misma proporción, pero parece que no aprendemos y este plural nos concierne a todos.

Si el primer confinamiento hubo que aceptarlo con resignación, lo que está sucediendo ahora sí que debería haberse previsto. En el lejano marzo todos nos quedamos en casa entendiendo que no quedaba más remedio que aceptar una medida medieval, el confinamiento de contagiados y sanos, en pleno siglo del desarrollo tecnológico y científico. El desastre económico está a la vista, pero, insisto, no hemos aprendido nada.

Las autoridades, todas y en todos los países, volvieron a las viejas recetas: destilación y almacenamiento improvisados, con plazos muy justos y recursos limitados, que sólo podían ser interesantes para los grandes productores; y precios desfasados para los pequeños que apuestan por la calidad. En este sector todos son necesarios, que no se olvide. Pero ninguna ayuda para facilitar la comercialización, para la apertura de nuevos canales, para profundizar en los que ya existen.

Los productores a lo suyo, que no es poco: cuidar la viña en un año difícil y trabajar ajenos al entorno. Sólo cuando esperan a vendimiar se acuerdan de que hay una cosa que se llama precio. Todos los años lo mismo, levantan la voz a las puertas de la vendimia que es cuando más presionados están. Ruido sindical y pocas nueces.

Las bodegas, y no sólo ellas, esperando al verano, a la apertura de la hostelería y la llegada de los turistas. Mientras tanto mucha red social y mucho vídeo mono, no está mal porque ahí están los consumidores del futuro, pero muy pocas –y dispersas- iniciativas para los consumidores de hoy. Comprar vino online sigue siendo complicado, falta de tienda en el web, tener que cargar con seis referencias idénticas…Ninguna iniciativa conjunta por parte de grupos de los pequeños productores de vino de pueblo o zona, los consejos reguladores a lo suyo. Lamento ser negativo pero la crisis está aquí, la tenemos a la vista, el primer cierre sonado Osborne en Malpica de Tajo con el arranque de 1.000 hectáreas de viña -un drama para la zona- ha llegado y no sabemos qué vendrá después.

El alivio relativo que supuso la hostelería en verano poco a poco languidece, se cae el alma a los pies al pasear por Estafeta un sábado por la tarde; y las autoridades “colaborando” o cierre a cal canto o cierre temprano y toque de queda.

Aquí los viticultores miran al bodeguero, los bodegueros a la(s) administración(es) y andan pasándose la pelota, como si las empresas y autónomos no fuesen personas que cada día tienen que comer, enredados en sus juegos de poder y “relato”, mientras miran las encuestas.

Desolador.

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Cadenas que atan

Este año 2020 se nos va a quedar grabado en la memoria. Han sido muchas desgracias personales, muy graves los destrozos en la economía y están saltando por los aires consensos que sólo han funcionado en tiempos de bonanza.

Y a esto último quiero ir. En 2014 el sector celebró alborozado la llegada de la Ley de la Cadena Alimentaria, en especial los sindicatos agrarios, por fin se ponía orden, el agricultor firmaba un contrato y sabía cuánto y cuándo cobraría. La polémica estaba más en el cuándo; fijar treinta días parecía adecuado para alimentos de temporada que se venden en fresco pero muy reducido para otros que necesitan años antes de su llegada al consumidor.

No recuerdo que nadie reparara en otro punto: la obligación de que el precio cubriera los gastos de producción del agricultor/viticultor. Ha llegado un año malo, pero que muy malo, con una crisis del sector mucho más profunda de lo que parece y ha estallado la tormenta perfecta. Escribir en el Boletín Oficial del Estado qué hay que hacer es fácil; cuando hablamos del cómo es donde salta la polémica: ¿cuál es el coste de cada viticultor?, ¿cómo se acredita?, ¿puede filtrar una bodega a sus proveedores por coste?, ¿qué pasa con las cooperativas?, ¿se pagará en función del coste o de la calidad?

Muy complicado se antoja el tema, un viticultor puede ser supereficente, sus viñedos estar en un paraje sano, tener suerte con las tormentas y producir una uva de alta calidad. También puede ocurrir lo contrario, un despreocupado que realiza trabajos sin venir a cuento, que sus viñas están en parajes más complicados y el granizo le monta un desastre ¿debe cobrar más? No hay respuestas, sólo dudas.

Para rematar el tema, han salido estudios de las consejerías correspondientes estimado el coste medio de producción en su zona. El Observatorio de Precios Agrarios de La Rioja ofrece una estimación de costes para la cosecha 2019 de lo más interesante pero hay que verlo con atención. Parte de unos supuestos y llega a una conclusión media y para un año determinado. Para cualquiera que quiera invertir en Rioja, o compararse con el sector, es una información muy valiosa. Otra cosa es que sea el mejor medio para poner precio a la uva en 2020, y ninguna ley dice que deba ser así.

Las reacciones de los distintos operadores son las esperadas para defender sus intereses. Los sindicatos agrarios usan esos datos para intentar fijar un precio mínimo, cosa que es ilegal, y presionar a unas empresas que no están pasando un buen momento. Las reacciones de las empresas, casi ochocientas, depende de su tamaño y situación particular. Uno de los grandes grupos, Pernod Ricard, realizó operaciones significativas en la línea del precio medio estimado por la Consejería; dos de las más prestigiosas (Marqués de Riscal y Muga) anuncian precios al alza, pero no hay datos de la cantidad que comprarán; algunas han ido anunciando que sólo recogerán uva de los viticultores con los que tienen contrato; otras han puesto clausulas en las que el viticultor con el precio (bajo) firmado “asume”, o sea traga, los costes de producción. Hay otros callados que seguramente arrasarán a última hora.

Así pues, el panorama se presenta complicado para un viticultor al que se ha reducido su rendimiento, ha lidiado con el mildiu, con una climatología cruel –el pasado fin de semana llovió bastante-, con unos costes añadidos por la situación sanitaria y unos precios a la baja. Mal año para los “subasteros”, esa especie de viticultor que cada año se ofrece a todas las bodegas y vende al mejor postor. Especuladores que serán carne de especulador.

Para las bodegas, tras un respiro estival, el otoño se presenta duro; con los bares semivacíos, las terrazas se resentirán con el mal tiempo; eventos sociales limitados o cancelados; la exportación cada día más complicada por el Brexit, las elecciones en Estados Unidos, la incógnita China; ferias y eventos de masas cancelados y la alternativa online residual; sólo quedan los supermercados y son cadenas grandes que necesitan proveedores grandes… y precios ajustados.

La Ley de la Cadena Alimentaria surgió con la mejor de las intenciones, pero ahora es una cadena atada al cuello del sector vitivinícola y cada día que pasa aprieta más.

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Éramos pocos… y llegaron los “clean wine”

En una bebida como el vino que siempre ha estado en los hogares y tascas más humildes, así como en palacios y hoteles de lujo, es necesario posicionarse, diferenciarse y, cada vez más, comunicar de manera que llegue al cliente.

Tradicionalmente, zona de producción, variedad y marca bastaban para catalogar un vino. El desarrollo comercial, el aumento del comercio internacional y la aparición de nuevos consumidores y su deseo de saber más han ido ampliando el espectro de calificativo para los vinos, en función de la manera de cultivo y/o elaboración, sin contar con la necesidad de que esos calificativos sean elegidos por responsables de marketing y comunicadores.

Así aparecieron los “vinos de autor”, como si los demás fueran expósitos, para diferenciar pequeñas producciones de producciones masivas; vinos ecológicos/orgánicos, biodinámicos, criados sobre lías, sin SO2, naturales, veganos…

La última aparición son los “vinos limpios” (clean Wines), inventados por la famosa actriz Cameron Diaz y su socia Katherine Powers para ganar dinero con la mejor de sus intenciones, supongo. Según informan en su web, Avaline, producen dos vinos, blanco y rosado, con uvas de cultivo ecológico (muy bien), sin productos añadidos “innecesarios” (como si los enólogos los añadieran para aumentar costes y fastidiar a la empresa) y vegano (o sea que usan bentonita en lugar de ictiocola o clara de huevo). Usan bitartrato potásico, proteínas vegetales, filtran.

¿En qué se diferencian de otros vinos? Pues en mucha imagen, mucho Instagram y 24$ la botella. Eso sí tienen la decencia de contarte origen, variedades y algún dato útil para el consumidor (calorías; 62ppm de SO2). Estoy seguro de que en EE. UU. se beben vinos con ese perfil de manera habitual y bastante más baratos.

Después han llegado Courtney Dunlop y Elle Feldman, procedentes del mundo de la cosmética, con Good Clean Wine y ya se han pasado de la raya despotricando contra la industria de la manera más burda, sin tener ni idea de qué va; pero, eso sí, con todo el poder del marketing más brutal. Sólo hay que echar un vistazo a este artículo de Forbes para ver sus insinuaciones. Si visitas su web, nada de información sobre cultivo, pesticidas, terroir, vinificación, clarificación, sulfitos. Son vinos hechos en Europa con pocos o ningún aditivo, “probado por nosotras”, intervención mínima, pequeños lotes… ¡Olé por su transparencia! Eso no aporta nada sobre la calidad del producto, su seguridad alimentaria y su respeto por el medio ambiente.

Muchas veces, desde dentro, hemos criticado a una industria por cerrada, anquilosada, tradicional y conservadora en exceso. Pero de ahí a acusar de engañar y tratar de envenenar (ver sus acusaciones sobre la resaca) a los consumidores media un abismo.

Para terminar, dos cuestiones: no es ético usar la salud pública para vender más, en este medio se ha denunciado en el pasado confinamiento. Es una trampa muy burda y manida recurrir a las llamadas en semiótica “oposiciones binarias”. Mi vino es limpio, los demás son sucios. Mi vino es natural, los demás son artificiales. Y así podríamos seguir.

Admirado Orwell, con 1984 sólo te confundiste en la fecha.

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Y ahora el mildiu, aunque no es lo peor

Hace unas semanas, ya se pierde la cuenta, a finales de Marzo se estuvo al límite de la helada, la peor fecha; luego se detectaron manchas de mildiu en zonas dónde no era normal y menos tan temprano. Aunque en el Norte de España estos últimos días en Cierzo, siempre el Cierzo, está echando una mano.

En muchas zonas de España no es un visitante extraño, existen procedimientos de alerta temprana y su correspondiente alarma. Por otro lado los viticultores saben perfectamente cómo prevenir y tratar este hongo, por lo que en condiciones normales no habría mayor problema.

Pero vivimos en tiempos confusos en los que el viticultor no tiene ninguna certeza. Ya es público que alguna bodega a enviado por escrito a algunos proveedores que no les recogerá la uva y lo peor Radio Macuto (ahora rebautizada como fake news) emite a toda potencia: precios de derribo, contratos que no se van a cumplir, bodegas rehaciendo presupuestos, obras que no se van a terminar en plazo, va a faltar hueco en cooperativas…

Serán falsos, o no, pero todos estos rumores hacen que el viticultor no pueda echar cuentas de la posible rentabilidad de su trabajo. El primer dato es saber, más o menos, el precio de venta, lo que está claro es que va a ser bajo ¿cuánto? Imposible de conocer, así que se tentará la ropa antes de llenar el depósito del pulverizador.

La Administración ayuda poco, todas las medidas parecen orientadas a zonas de producción de vino de mesa tan respetables como las demás. Pero las Denominaciones de más prestigio, esas que dan valor añadido e imagen a los vinos españoles, quedan totalmente marginadas. Se habla mucho de la situación de la hostelería, pero los proveedores de vinos del canal Horeca lo están pasando muy mal y esos “proveedores” son viticultores y bodegas de todos los tamaños.

Sí, la crisis de la hostelería es también la crisis de los viticultores y las bodegas que están luchando por posicionar nuestros vinos en el sitio que se merecen. Deberían contar con el respaldo de todos.

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Encuestas que carga el Diablo

En estos días de confinamiento, pero menos, uno se entera de muchas cosas y eso es bueno. Hay una Asociación Europea de Economistas del vino (EuAWE), entre los que hay representantes de varias universidades españolas, que ha lanzado una “encuesta” en varios países sobre el comportamiento de las consumidores de vino en estas largas semanas.

Lo hace a través de la plataforma Survey Monkey®, otra novedad que me apunto, que ofrece distintos productos para realizar estudios de mercado. En el web de la EuAWE están los enlaces en distintos idiomas para participar en la “encuesta” que es voluntaria pero estaba abierta a cualquiera que lo deseara.

Los resultados no están disponibles –al menos para mí- salvo por noticias de agencia y prensa y sin una ficha técnica no es posible valorar la calidad del estudio. Los que saben de esto siempre me han dicho que esta depende del diseño de la población a entrevistar (muestra), primera debilidad. No parece muy lógico que de 6.800 encuestados de ocho países 2.560 (37.6%) sean españoles. Ya escribí sobre esto.

El artículo más completo quizás sea este del Heraldo de Aragón y de entrada rechinan algunos resultados en contra de lo que ha ido publicando estos días por la Federación Española del Vino, el primero sobre el aumento de la frecuencia del consumo de vino al mismo tiempo que bajan las ventas en todos los canales salvo el online Por lo visto todos tenemos en nuestras mansiones unas bodegas como la de Downton Abbey, vamos vaciándola poco a poco y luego ya veremos.

Otro punto que llama la atención es que la compra online pasa del 12 al 15%, imagino que el peso del 62.4% de no-españoles debe ser increíble ya que en España es del 1%.

Y hay más pero creo que con estos dos “datos” es más que suficiente para considerar este bienintencionado estudio muy poco relevante. Una encuesta es algo más serio, con su metodología y su “cocina”, y esto no pasa de ser un amplio panel de consumidores muy alejados de la media. A ver si se publica completa y podemos saber algo más.

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La alternativa on line

Otra semana más y aquí seguimos aunque la situación del sector es cada día menos tranquilizadora. Los datos que van saliendo de la Federación Española del Vino o de otros organismos seguro que José Luis Murcia los analiza mejor que yo, pero reflexionar sobre ellos es obligación de todos.

En la ¿pasada? crisis de origen financiero el canal Horeca sufrió un duro varapalo, las ventas en hostelería bajaron, el regalo de empresa por Navidad se redujo de manera drástica y el sector reaccionó abriéndose a la exportación. Bien es cierto que con una política de excelente relación calidad/precio o de precios bajos, cada uno que se apunte al término que quiera.

El pozo en el que estamos ahora ha aparecido de manera más abrupta y es mucho más profundo. El sector Horeca en términos de volumen o de facturación representa entre el 50 y el 75% del sector, no hace falta ser preciso con las cifras para ver que ha pasado de ser el canal principal a “cero patatero” de un día para otro. Las botellas que quedaron medias en la nevera del bar ahí siguen su melancólico deterioro.

De repente todos hemos vuelto la mirada a la venta “on line” como si fuera la panacea. Pero representaba un 1% de las ventas de 2019 y es imposible que de repente tape la vía de agua abierta por el boquete del canal Horeca. Yo mismo no había comprado nunca “por internet”, lo estoy haciendo y de paso he echado un vistazo a lo que hay. Mi experiencia que es la de un novato en este canal:

Las grandes tiendas virtuales son un lío o vas buscando un vino determinado o acabas perdido y desistes.

Compra directa a bodega; pues hay todo unas tienen tienda y sólo puedes comprar cajas de seis de la misma referencia, o estuches enfocados a regalo con el consiguiente sobrecoste, ideal para los que van a tiro fijo; otras ofrecen la posibilidad de ir comprando por botellas y te puedes preparar un buen lote para el fin de semana; algunas ni ofrecen la posibilidad de comprar. También hacen descuentos, ofertas #YOMEQUEDOENCASA, vaya que es entretenido y rápido.

Luego viene el tema de los datos, tienes que rellenar un formulario que suele ser un tanto pesado pero tampoco es tanto. Después los portes, los hay gratis –o con descuento- a partir de cierta cantidad y no suponen un sobrecoste si pasas de los 50€ en el pedido; el paso posterior son los plazos, el más corto que me he encontrado han sido 48 horas, otras se tomen una semana, los hay intermedios; pero nadie te asegura nada pues hay productos prioritarios en esta situación. Aquí depende de lo paciente, o previsor, que seas.

También he buscado a los distribuidores de hostelería de la ciudad donde estoy y de otras próximas, pues bien están desaparecidos, no hay web, no hay compra directa…están desaparecidos en el ERTE quién sabe si muertos.

Al final a lo que íbamos, visto lo visto hacer un “traslado” del canal Horeca al “on line” de manera masiva es creer en los Reyes Magos. Entiendo que este toro nos ha venido grande a todos pero el canal Horeca, y con él muchas bodegas, no han explorado la posibilidad de aprovechar su red de reparto para cubrir la demanda de una clientela que busca vinos de proximidad y que los lineales del “súper” no puede satisfacer.

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Paisaje durante la batalla

Continuamente se está recurriendo al lenguaje bélico para referirse a estos tiempos de confinamiento, frenazo a las actividades económicas y esfuerzo atroz por los profesionales que cuidan de nuestra salud, de la seguridad y el abastecimiento básico.

Así pues, no está de más dar un repaso a la situación. Todo esto comenzó en China con los almacenes llenos de vino para celebrar su Año Nuevo, ese stock lo tienen que digerir. Por tanto, ventas a la baja.

USA por las tasas ya era un problema, ahora es un problemón. Con el extravagante Trump al frente anda en año electoral y con diferencias entre sus estados; es totalmente impredecible, nunca para bien. Reino Unido con sus pubs y restaurantes cerrados también está mal, aunque es un gran consumidor de vinos en casa y del brexit ni se habla. Tampoco andan para echar cohetes.

¿Europa? Pues hay de todo, cada país va por libre pero siempre dentro de la anormalidad.

Aquí, la gran distribución, que necesita proveedores grandes, está funcionando. En mi entorno alguna tienda de vinos pequeña está abierta, pero en las ciudades grandes ¿quién se coge el coche para ir a comprar unas botellas para el fin de semana? ¿Consecuencias? Las grandes bodegas están funcionando bastante bien, dadas las circunstancias, aunque en algunas zonas se empieza a hablar de guerra de precios, grave error, la necesidad ahoga y puede llegar el ¡sálvese quien pueda!

El canal HORECA está muy mal, repito el canal. Hay que insistir en el distribuidor que reparte -repartía- por los centros de hostelería en ciudades y pueblos vino, cerveza, licores… ¿qué va a pasar si caen en combate? ¿quién va a sustituirlos? Si quedan devastados, las bodegas pequeñas van detrás.

Mal pinta el paisaje durante la batalla, pero peor pinta el que se intuye después.

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