Cadenas que atan

Este año 2020 se nos va a quedar grabado en la memoria. Han sido muchas desgracias personales, muy graves los destrozos en la economía y están saltando por los aires consensos que sólo han funcionado en tiempos de bonanza.

Y a esto último quiero ir. En 2014 el sector celebró alborozado la llegada de la Ley de la Cadena Alimentaria, en especial los sindicatos agrarios, por fin se ponía orden, el agricultor firmaba un contrato y sabía cuánto y cuándo cobraría. La polémica estaba más en el cuándo; fijar treinta días parecía adecuado para alimentos de temporada que se venden en fresco pero muy reducido para otros que necesitan años antes de su llegada al consumidor.

No recuerdo que nadie reparara en otro punto: la obligación de que el precio cubriera los gastos de producción del agricultor/viticultor. Ha llegado un año malo, pero que muy malo, con una crisis del sector mucho más profunda de lo que parece y ha estallado la tormenta perfecta. Escribir en el Boletín Oficial del Estado qué hay que hacer es fácil; cuando hablamos del cómo es donde salta la polémica: ¿cuál es el coste de cada viticultor?, ¿cómo se acredita?, ¿puede filtrar una bodega a sus proveedores por coste?, ¿qué pasa con las cooperativas?, ¿se pagará en función del coste o de la calidad?

Muy complicado se antoja el tema, un viticultor puede ser supereficente, sus viñedos estar en un paraje sano, tener suerte con las tormentas y producir una uva de alta calidad. También puede ocurrir lo contrario, un despreocupado que realiza trabajos sin venir a cuento, que sus viñas están en parajes más complicados y el granizo le monta un desastre ¿debe cobrar más? No hay respuestas, sólo dudas.

Para rematar el tema, han salido estudios de las consejerías correspondientes estimado el coste medio de producción en su zona. El Observatorio de Precios Agrarios de La Rioja ofrece una estimación de costes para la cosecha 2019 de lo más interesante pero hay que verlo con atención. Parte de unos supuestos y llega a una conclusión media y para un año determinado. Para cualquiera que quiera invertir en Rioja, o compararse con el sector, es una información muy valiosa. Otra cosa es que sea el mejor medio para poner precio a la uva en 2020, y ninguna ley dice que deba ser así.

Las reacciones de los distintos operadores son las esperadas para defender sus intereses. Los sindicatos agrarios usan esos datos para intentar fijar un precio mínimo, cosa que es ilegal, y presionar a unas empresas que no están pasando un buen momento. Las reacciones de las empresas, casi ochocientas, depende de su tamaño y situación particular. Uno de los grandes grupos, Pernod Ricard, realizó operaciones significativas en la línea del precio medio estimado por la Consejería; dos de las más prestigiosas (Marqués de Riscal y Muga) anuncian precios al alza, pero no hay datos de la cantidad que comprarán; algunas han ido anunciando que sólo recogerán uva de los viticultores con los que tienen contrato; otras han puesto clausulas en las que el viticultor con el precio (bajo) firmado “asume”, o sea traga, los costes de producción. Hay otros callados que seguramente arrasarán a última hora.

Así pues, el panorama se presenta complicado para un viticultor al que se ha reducido su rendimiento, ha lidiado con el mildiu, con una climatología cruel –el pasado fin de semana llovió bastante-, con unos costes añadidos por la situación sanitaria y unos precios a la baja. Mal año para los “subasteros”, esa especie de viticultor que cada año se ofrece a todas las bodegas y vende al mejor postor. Especuladores que serán carne de especulador.

Para las bodegas, tras un respiro estival, el otoño se presenta duro; con los bares semivacíos, las terrazas se resentirán con el mal tiempo; eventos sociales limitados o cancelados; la exportación cada día más complicada por el Brexit, las elecciones en Estados Unidos, la incógnita China; ferias y eventos de masas cancelados y la alternativa online residual; sólo quedan los supermercados y son cadenas grandes que necesitan proveedores grandes… y precios ajustados.

La Ley de la Cadena Alimentaria surgió con la mejor de las intenciones, pero ahora es una cadena atada al cuello del sector vitivinícola y cada día que pasa aprieta más.

Acerca de Javier Escobar de la Torre

De origen toledano, Madridejos 1960, me nacieron al lado de la modesta bodega de mi abuelo Isidoro, tras una noche de "monda" de rosa del azafrán. Estudié Químicas en la Complutense especializándome en Química Industrial. Tenía claro que la ciencia sin un fin práctico no me interesaba. Entré cómo "colaborador voluntario" en "El Encín". Era la época de transferencia del INIA a la Comunidad de Madrid y estaban montando, dirigido por Mariano Cabellos, un laboratorio de vinos. Me becaron el Curso Internacional de Viticultura y Enología que dirigía D. Luis Hidalgo y para saber más está LinkedIn http://es.linkedin.com/in/javierescobardelatorre. Desde siempre he estado ligado personal y profesionalmente al sector vitivinícola y ahora, en tiempos duros, estoy intentando ayudar a empresas del sector a ponerse al día.
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